Antecedentes y objetivos:
En el ámbito de la salud mental, el trabajo con población joven plantea desafíos particulares cuando las trayectorias personales están marcadas no tanto por acontecimientos traumáticos específicos, sino por la ausencia de experiencias significativas. Son personas, por lo general en edades adultas tempranas, cuyas biografías se describen como “suspendidas”: historias atravesadas por el vacío, la falta de oportunidades para explorar el mundo, tomar decisiones o reconocerse en sus propios deseos. Esta situación plantea un reto fundamental: ¿cómo puede un joven que ha tenido pocas experiencias construirse como sujeto activo en su proceso de recuperación? A partir de esta pregunta, el presente trabajo plantea la arteterapia como una vía para activar la subjetividad y fortalecer la capacidad de los jóvenes para tomar decisiones, actuar con autonomía y reconocerse como protagonistas de su propia vida.
Métodologia:
La intervención se llevó a cabo en el Servicio de Rehabilitación Comunitaria (SRC) de Sarrià i Sant Gervasi, con un grupo de personas jóvenes de entre 18 y 35 años. Se implementó un taller de arteterapia grupal, sin requerimientos previos de conocimientos técnicos ni habilidades artísticas, que promovía la exploración libre y simbólica a través del proceso creativo, donde el proceso es más importante que es resultado.
A través del uso de diversos materiales y técnicas (dibujo, collage, pintura, modelado…), se propició un espacio seguro donde los participantes pudieron crear imágenes, formas y símbolos como formas de expresión y autoconocimiento. El rol del arteterapeuta consistió en un acompañamiento del proceso individual y grupal desde una mirada no directiva, respetando los tiempos, los ritmos y las decisiones, y facilitando la circulación de la palabra desde las producciones plásticas.
Resultados:
Durante los encuentros, los participantes comenzaron a producir imágenes, formas y símbolos que no sólo expresaban aspectos emocionales, sino que también funcionaban como afirmaciones subjetivas. Se observó un cambio progresivo en la relación de los
jóvenes consigo mismos y con el grupo: surgieron elecciones estéticas, decisiones intencionales (como seleccionar un color o transformar una imagen), que pasaron a tener un valor fundacional. Estas pequeñas decisiones contribuyeron a que los participantes comenzaran a reconocerse como sujetos con punto de vista propio, capaces de rechazar, transformar o elegir. En paralelo, el taller se convirtió en un espacio donde no sólo podían expresarse, sino también escucharse, ser vistos por otros y validar sus intereses y límites. El proceso creativo funcionó como espejo y como mapa: permitió descubrir aspectos desconocidos del yo, a la vez que habilitó formas de conexión más auténticas con los demás.
Conclusiones:
En un modelo de atención en salud mental donde a menudo el foco está puesto en la funcionalidad, la integración social o la adherencia a tratamientos, la arteterapia ofrece un enfoque alternativo centrado en la construcción de subjetividad. En contextos de biografías suspendidas, donde predomina el silencio y la pasividad, el arte aparece como una herramienta potente para reinstalar la capacidad de acción. Lejos de ser una actividad ocupacional o meramente expresiva, la arteterapia posibilita la emergencia de una voz propia y de un espacio simbólico donde el joven puede comenzar a habitarse como sujeto. Se trata de un proceso lento y respetuoso que permite reconfigurar la relación con uno mismo, con el propio deseo y con el entorno.
En definitiva, el dispositivo arteterapéutico acompaña a los jóvenes a dejar de ser únicamente “usuarios” o “pacientes” para empezar a reconocerse como personas con voz propia, con narrativa, con deseo y con capacidad de transformación, es decir, sujetos con parte activa en sus caminos de recuperación.