El estigma internalizado es altamente prevalente en personas que padecen un trastorno mental grave, y se asocia con consecuencias negativas en su funcionamiento social, así como con un impacto significativo en la adherencia al tratamiento, el curso clínico y el proceso de recuperación funcional de la persona. El presente estudio tiene por objetivo analizar el nivel y las dimensiones más afectadas del estigma internalizado en usuarios de distintos recursos asistenciales de la Red Pública sanitaria de la Generalitat Valenciana con el fin de describir posibles diferencias según el tipo de recurso.
Estudio descriptivo sobre una muestra de 76 pacientes (33 mujeres) con una edad media de 45 ± 12.9 años, diagnosticados de un trastorno mental grave en diversos dispositivos asistenciales de cinco áreas departamentales de Salud de Valencia entre mayo de 2022 y enero de 2024. De la totalidad de la muestra, 38.2% de los participantes se encontraban ingresados en una Unidad de Hospitalización Psiquiátrica, 14.5% en una Unidad de Media Estancia, 31.6% en un Centro de Rehabilitación e Integración Social y 15.8% residían en una Vivienda Supervisada.
Se realizó una entrevista clínica individualizada junto a la aplicación de varios instrumentos de evaluación psicológica. El protocolo de investigación fue aprobado por el Comité Ético de Investigación con Medicamentos del Hospital Arnau de Vilanova-Llíria dentro del marco de un estudio experimental de carácter longitudinal.
El análisis se llevó a cabo con el paquete IBM-SPSS 26 e incluyó el análisis descriptivo de las variables sociodemográficas, clínicas, de estigma internalizado, de recuperación y de funcionamiento social.
El estigma internalizado se exploró con la adaptación española de la escala Internalized Stigma of Mental Illness de Ritsher et al. (2003), así como, con la traducción española de la escala Self-stigma of Mental Illness Scale-Short Form de Corrigan et al. (2012). Para el análisis del funcionamiento autónomo general se usó el Cuestionario de Funcionamiento Social de Tyrer et al. (2005). La medición subjetiva de la recuperación se llevó a cabo con la adaptación española de la Recovery Assessment Scale de Corrigan et al. (2004).
De la totalidad de la muestra, 66.2% eran solteros, 52.6% habían completado los estudios primarios, 41.6% residían en la vivienda familiar y únicamente un 10.5% desempeñan una actividad laboral. Los participantes fueron diagnosticados de esquizofrenia (45.5%), trastorno esquizoafectivo (37.7%), trastorno psicótico breve (10.4%) y trastorno delirante (3.9%); con una duración media de la enfermedad de 16.3 ± 10 años y una media de 4 ± 5 hospitalizaciones por motivos psiquiátricos antes de iniciar su participación en el estudio.
Globalmente, en comparación con el resto de los recursos asistenciales, estos usuarios fueron los que percibieron un menor estigma internalizado en la dimensión de Aislamiento Social en el EIEM (10.3 ± 1.7; p=0.021); así como, en las dimensiones de Conciencia sobre el estereotipo (51.5 ± 23.1; p=0.004) y Decremento de autoestima (7.3 ± 4; p=0.001) en el SSMIS-SF. Por último, estos mismos usuarios presentaron niveles más altos de recuperación en el RAS-24 (102.1 ± 13.3; p=0.037) junto a un mejor funcionamiento social informado en el SFQ (27.3 ±3.1; p=0.004).
En el abordaje actual del trastorno mental grave, los objetivos terapéuticos han evolucionado hacia una recuperación funcional e integral, priorizando la integración social, la autonomía y la calidad de vida por encima del mero control sintomático. En el estudio, la vivienda supervisada es el recurso asistencial con menor estigma internalizado, probablemente al ofrecer una alternativa a la institucionalización porque promueve la convivencia en entornos comunitarios. Este tipo de recurso no solo mejora la percepción de los propios usuarios sobre sí mismos, sino que también facilita un entorno positivo que favorece su desarrollo personal e independencia.