Antecedentes:
La estigmatización hacia los trastornos mentales graves comienza a desarrollarse desde edades tempranas, condicionando negativamente el acceso a apoyos y procesos de recuperación. Algunos autores han hallado que niños, niñas y adolescentes son menos proclives a acceder a los servicios de salud mental, en parte debido a que el estigma y la falta de conocimiento sobre los trastornos mentales afectan negativamente a la búsqueda de ayuda en los jóvenes en mayor proporción que en los adultos. Pese a ello, son escasos los estudios centrados en la implementación y evaluación de programas orientados a reducir este estigma en entornos escolares. Por todo lo anterior, se considera fundamental investigar sobre los programas dirigidos a la reducción del estigma en población joven.
Objetivos: 1) Identificar y analizar los programas existentes dirigidos a personas jóvenes en entornos educativos para prevenir y/o reducir el estigma asociado a los trastornos mentales graves, más concretamente a psicosis; 2) Determinar las condiciones que optimizan la efectividad de las estrategias de intervención utilizadas en los distintos programas (variables demográficas, frecuencia y duración de las sesiones, formato, etc.)
Metodología:
Se realizó una revisión de alcance o scoping review en las bases de datos PsycINFO y Google Scholar, con el propósito de identificar y mapear la evidencia disponible. Los criterios utilizados en la revisión fueron: 1) Revisiones sistemáticas y metaanálisis, dado que el objetivo no era identificar programas por separado, sino analizar estudios que ya hubieran evaluado la validez y efectividad de estos. 2) Que evaluaran programas para reducir el estigma asociado a los trastornos mentales implementados en población joven (máximo de 25 años).
Resultados:
De los 46 estudios identificados, 17 cumplieron con los criterios de inclusión. Muchos de los programas analizados consistieron en una única sesión, presentando una notable heterogeneidad en cuanto a su duración, que oscilaba desde pocos minutos hasta varias horas. En general, pocas intervenciones se desarrollaron a lo largo de semanas o meses; la mayoría fueron puntuales y de corta duración.
Se observó una gran diversidad en los perfiles de quienes implementaron las intervenciones, incluyendo investigadores, estudiantes de posgrado, expertos por experiencia, psiquiatras, psicólogos/as y personal docente, entre otros.
En cuanto a las estrategias utilizadas, las intervenciones educativas y de contacto demostraron efectos positivos en el aumento de conocimientos y en la mejora de actitudes hacia la psicosis. Sin embargo, solo las estrategias basadas en el contacto directo y las cumbres juveniles mostraron impacto en las estructuras sociales y en los cambios de comportamiento. Por el contrario, las estrategias centradas en la protesta no evidenciaron un efecto significativo en la reducción del estigma en entornos educativos.
A pesar de la heterogeneidad de los programas, los resultados sugieren que las intervenciones más eficaces son aquellas que son específicas, integrales, de aplicación temprana, sostenidas en el tiempo y con un enfoque a largo plazo.
Conclusiones:
La intervención en contextos educativos representa una estrategia clave para combatir el estigma y promover modelos de recuperación desde etapas tempranas. Es esencial enfocar estas intervenciones en la población más joven, ya que las actitudes estigmatizantes comienzan a temprana edad y son más fáciles de modificar, por ser una etapa crítica para el cambio de actitud. Además, las personas jóvenes representan a la futura generación tanto de la población general como de profesionales, por lo que promover actitudes positivas hacia los trastornos mentales desde una edad temprana es clave.