El trastorno de estrés postraumático (TEPT) es un trastorno mental que engloba un conjunto de síntomas que se desarrollan tras la vivencia o exposición a situaciones altamente impactantes, potencialmente mortales o dañinas para la persona (exposición a la muerte, lesión grave o violencia sexual, ya sea real o amenaza). Se manifiesta por un cuadro clínico que implica síntomas que van desde lo cognitivo (pensamientos intrusos o flashbacks, reacciones disociativas, pesadillas), pasando por lo emocional (alteración importante de la respuesta de alerta, ansiedad, irritabilidad, disminución del estado de ánimo) o la conducta (evitación de situaciones que recuerden o estén relacionadas con ese evento traumático).
El diagnostico de TEPT está infradiagnosticado en el contexto sanitario y por tanto infratratado. Estudios epidemiológicos señalan que entre el 15% – 45% de menores sufren experiencias traumáticas y, sin embargo, únicamente el 1% – 6% de ellos son diagnosticados con TEPT (Wong et al., 2013).
Los resultados arrojados por el estudio de las Experiencias Adversas en la Infancia (Adverse Chidhood Experiences Study) demostró que aquellas personas que habían sufrido cuatro o más eventos adversos en la infancia, comparada con aquellas que no habían sufrido ninguno, presentaban un riesgo de 4 a 12 veces mayor de presentar alcoholismo, abuso de drogas, depresión e intentos de suicidio (Felitti, Anda, Nordenberg, Williamson, Spitz, Edwards, Koss & Marks, 1998). Herman (1997) evidenció que entre un 40-60 % de pacientes atendidos de forma ambulatoria o ingresados en unidades de hospitalización psiquiátricas tenía historias de abuso sexual infantil, que no habían sido tratadas específicamente. Además, hay evidencias de que, aquellos pacientes que han sido víctimas de malos tratos físicos o sexuales durante la infancia tienen su primer ingreso en unidades de hospitalización más tempranamente, suelen tener más hospitalizaciones, éstas suelen ser más prolongadas, reciben más medicación y presentan mayores tasas de autolesiones y suicidio que aquellos pacientes psiquiátricos sin historia de maltrato o abuso (Read, Goodman, Morrison, Ross & Aderhold, 2006; Schäfer, Ross & Read, 2008).Además, diversos autores entienden los problemas de apego temprano, es decir, el trauma relacional temprano, como un factor causal de primer orden para el desarrollo del trastorno límite de personal o TLP (Kernberg, Weiner & Bardenstein 2000; Bateman & Fonagy 2004; Rubio Larrosa, 2008; Mosquera 2009).
Las consecuencias del trauma, sobre todo si éste acontece en primera infancia, son graves y duraderas, de donde se deduce la importancia de la intervención en este momento del ciclo vital. La traumatización en el niño debe abordarse sobre todo desde el la perspectiva del neurodesarrollo y del apego. (Cortes y M.Gizard, en revisión 2019)
Las Unidades de Salud Mental Infantil y de la Adolescencia (USMIA) tratan de dar respuesta desde la detección y la intervención temprana permitiendo un abordaje multidisciplinar. La formación de Unidades Funcionales (UF) permiten dar respuesta a ciertas necesidades asistenciales específicas y complejas.
Mostramos las primeras experiencias, dificultades y resultados en la puesta en marcha de la UF de Trauma en nuestra USMIA orientada al tratamiento asistencial tanto del TEPT simple como del TEPT complejo, de una forma integral, intensiva y focalizada directamente al trauma psíquico.
Se explicitan los siguientes objetivos específicos:
1. Formación del equipo (psicólogos clínicos y psiquiatras) para que puedan aplicar los tratamientos de máxima evidencia científica.
2. Desarrollar un espacio asistencial tanto individual como grupal para atender las necesidades de los pacientes.
3. Desarrollar protocolos de valoración pre y post tratamiento para valorar la eficacia de los tratamientos aplicados.
4. Evaluar los resultados pre-post de las intervenciones realizadas tanto a nivel individual como grupal, tanto para la valoración interna de la propia UF como para la investigación.