Antecedentes:
La Musicoterapia es un recurso terapéutico que ha demostrado eficacia y seguridad en el tratamiento de personas del espectro autista. Ayuda a mejorar el nivel de Comunicación e interacción. El lenguaje hablado es un sistema de signos que sirve como medio de comunicación y expresión. La música también es un sistema de signos, formatos y estructuras sonoro-musicales, rítmicas y melódicas, que hace posible la comunicación humana. El gesto sonoro-musical puede manifestarse de diferentes formas, rítmico, melódico, vocal, instrumental, corporal etc.
Son muchas las experiencias musicales en que se ven implicados el paciente y el terapeuta en musicoterapia. Una de las principales es la IMPROVISACIÓN. En el lenguaje coloquial “improvisar” es crear algo a partir de los recursos disponibles.
Objetivos:
La musicoterapia, cuando es impartida por profesionales especializados, puede ayudar a las personas con autismo a mejorar sus habilidades e interacción social, la comunicación verbal, el comportamiento disruptivo y la reciprocidad socioemocional.
La música y sus elementos sonoros también ayudan a canalizar emociones y facilitan la relación grupal.
Método:
Existen varios modelos de musicoterapia de improvisación, y cada uno de ellos posee características que lo hacen diferente y único de otros modelos.
Entre estos modelos, se encuentra la musicoterapia creativa desarrollada por Paul Nordoff, compositor y pianista americano, y Clive Robbins, profesor inglés de educación especial. Entre sus numerosas aplicaciones, es apropiado para niños con gran variedad de problemas como el autismo. Además, el uso de este modelo no está limitado a ningún grupo de edad ni a ningún nivel de desarrollo, por lo que no existen prerrequisitos de participación, tenga el niño buenas habilidades verbales, escasas o nulas.
Su enfoque es, además de creativo, empírico, ya que la respuesta del terapeuta se basa en observaciones continuas de la respuesta del paciente. El terapeuta observa lo que el niño presenta y responde a ello de manera creativa.
Es importante diferenciar los modelos, de los métodos y de las técnicas en musicoterapia ya que existe cierta confusión acerca de ello. El Dr. Tony Wigram, hablaba de cómo “la improvisación musical, de forma estructurada y flexible, es capaz de captar la atención y promueve el contacto y el juego recíproco; es decir, la interacción”.
Para K. Bruscia “las improvisaciones referenciales y no referenciales proporcionan distintas oportunidades para la proyección. Cuando un cliente improvisa con referencia a sentimientos verbalizados previamente, la improvisación le permite proyectar los sentimientos ocultos en las palabras sobre la música. La música ayuda a convertir emociones congeladas o experiencias verbalmente consolidadas en formas dinámicas que viven en el tiempo. Cuando un cliente improvisa sin referencia a sentimientos verbalizados, la improvisación carece de contenido. En este caso, es una proyección no verbal de la personalidad del cliente, con las dinámicas y procesos de la música reflejando las dinámicas y procesos de sus pensamientos y sentimientos presentes”.
Conclusiones:
Aunque la música está al alcance de toda la población, es importante diferenciar y matizar la importancia de la formación especializada en musicoterapia para su aplicación en los distintos procesos terapéuticos.
La evaluación, la reformulación de los objetivos terapéuticos, la supervisión clínica así como la coordinación interdisciplinar, transdisciplinar e intersectorial son elementos clave en la construcción colectiva de un circuito de la clínica en el espectro autista.